Consejos para videoaficionados / SonidoEn lo referente al audio de nuestros vídeos, la mayoría simplemente enchufamos un micrófono y pulsamos el botón de grabar.
El audio digital es algo más que un trazado de líneas en un intervalo de tiempo. Una mejor comprensión del proceso te ayudará a mejorar la grabación y la edición de sonido con cada proyecto. Ha llegado el momento de profundizar algo más y descifrar la codificación del audio digital. Te garantizamos que no entraremos en muchos detalles matemáticos.
El sonido se digitaliza a medida que se transmite a tu cámara o equipo informático. Este proceso convierte el sonido que escuchamos en una cadena de unos y ceros. Durante la reproducción, el equipo recompone los dígitos y los convierte en algo que somos capaces de oír. Parece magia, ¿verdad? De hecho, es más una cuestión matemática que mágica. Para comprender las matemáticas, en primer lugar tenemos que conocer un par de conceptos clave: frecuencia de muestreo y profundidad de bits. En el vídeo digital, el sonido entrante tiene una frecuencia de muestreo de 48.000 veces por segundo (48 kHz para abreviar). Es un tipo de instantánea del sonido en ese preciso momento. Con una frecuencia de muestreo de 48.000 veces por segundo, nos aseguramos una representación muy exacta de nuestro sonido. En cambio, el audio de los CD tiene una frecuencia de muestreo de 44,1 kHz. Existen unos cálculos matemáticos sofisticados —conocidos habitualmente como teorema de muestreo de Nyquist-Shannon— que explican la frecuencia de muestreo.
La versión sencilla es la siguiente: tienes que grabar las muestras al doble de la frecuencia del tono más alto para reproducir un sonido con precisión. Debemos grabar las muestras a una velocidad mínima de 40.000 veces por segundo, debido a que se considera que la audición humana generalmente se encuentra entre 20 y 20.000 Hz. Una frecuencia de muestreo de 48 kHz ofrece eso y más.
Si tu cabeza no está aún saturada con demasiada información, déjame complicar las cosas un poquito más (nunca mejor dicho). Cada muestra de audio tiene una profundidad de 16 bits. Imagina una cadena de unos y ceros con una longitud de 16 dígitos. Con 16 bits, hay 65.536 nivelaciones posibles para representar el volumen de cada muestra. Por tanto, por cada segundo de audio, se recopilan 48.000 muestras, con más de 65.000 variantes cada una. A buen seguro, esta cantidad es suficiente para reconstruir el audio de tu vídeo de una forma clara y nítida. Aunque el audio de los vídeos digitales supera la calidad del audio de los CD, en la grabación de audio profesional se utilizan profundidades de bits y frecuencias de muestreo aún mayores. Los nuevos discos Blu-ray y HD-DVD utilizan el códec Dolby Digital Plus, que admite canales 7.1 con frecuencias de muestreo de hasta 96 kHz con una profundidad de 24 bits. El mundo del sonido está en constante cambio.
Aunque el sonido de vídeo digital sea muy bueno, tiene sus limitaciones prácticas. Por ejemplo, el audio digital es muy fácil de sobrecargar o distorsionar. En los tiempos de la cinta analógica, podías exceder los parámetros de medición de audio establecidos sin que el sonido se viera afectado. En la era digital, una vez que los 16 bits se han establecido en "1", no hay modificación posible. Cualquier volumen pasado ese punto se distorsiona drásticamente. La distorsión digital no es el sonido difuso o zumbido suave que se oye en el equipo analógico; es un sonido molesto y desagradable que obviamente no desearás incluir en tu banda sonora. Algunas videocámaras incluyen la función de control automático de volumen o AGC (Automatic Gain Control). El resultado es un sonido que cambia de volumen automáticamente, reduciendo sonidos fuertes o elevando el volumen en sonidos suaves, llegando incluso a situar el aire acondicionado y otros sonidos al mismo nivel. Si tu videocámara incluye niveles de audio manuales, aprende a leer y controlar los parámetros de medición de audio mientras grabas.
Los ajustes de audio manuales te permiten obtener una señal óptima en la cámara, pero también abren la puerta a una distorsión potencial. Si estás utilizando un mezclador, asegúrate de que los niveles del micrófono sean altos, pero no demasiado. Cuando conectes el mezclador a la cámara, haz que el actor se ría de forma sonora o que hable en la voz más alta que pueda para probar el nivel de audio. Utiliza este nivel como nivel máximo y no lo cambies. Conseguirás un sonido claro y consistente que es fácil de editar en la fase de posproducción.
El audio digital estéreo de 16 bits a 48 kHz tiene aproximadamente 11 MB por minuto. Es un tamaño de archivo bastante voluminoso, especialmente para la música o los diálogos de proyectos con una duración extensa. Para ahorrar espacio en disco, puedes sentirte tentado a utilizar un formato de archivo comprimido como, por ejemplo, MP3, AAC o WMA. Aunque la mayoría de software de edición admiten distintos formatos de archivos comprimidos, debes resistirte a la tentación. El audio comprimido es fantástico para la distribución a través de Internet o subirlo a tu reproductor de música favorito, pero no cumple con los estándares de vídeo profesional.
Todos los formatos de audio comprimidos utilizan una cosa que se llama codificación perceptiva. Con el fin de conseguir una drástica reducción del tamaño, los codificadores de percepción analizan el audio y deciden qué fragmentos se pueden eliminar, basándose en la idea de que el oído humano no es capaz de percibir frecuencias muy altas ni muy bajas. Compara la pista del CD original con una versión comprimida y podrás escuchar tonos altos reducidos, tonos bajos débiles, además de cosas raras. Otro secreto del audio comprimido es la división de la frecuencia de bits. Una pista de audio en estéreo necesita aproximadamente el doble de la frecuencia de bits de una pista de audio en mono.
Por tanto, los archivos MP3 de 128 kbps son en realidad dos canales de 64 kbps. Aunque esto puede sonar bien en el metro o en tu automóvil, un vídeo reproducido en un equipo de cine en casa revelará rápidamente las distorsiones de la compresión del sonido. Si tienes que utilizar audio comprimido en tus proyectos, utiliza la mayor frecuencia de bits posible.
Aparte de eso, existen buenas razones para utilizar audio comprimido en tus proyectos. Por ejemplo, muchos proveedores de música libre de derechos de copyright ofrecen sus pistas para que te las puedas descargar. Si encuentras la pista perfecta online y la necesitas hoy, cómprala, pero ten en cuenta que estás cediendo calidad por comodidad. Otra aplicación ideal es la narración o la voz en off. Con un par de llamadas telefónicas y un mensaje de correo electrónico o dos, puedes contratar a un locutor profesional para grabar la voz en off de tu próximo proyecto. Tú mandas por correo electrónico el guión junto con cualquier anotación que desees; ellos lo graban, convierten el archivo a MP3 y te lo envían de nuevo por correo electrónico. Mezclada con música, una pista mono con sólo voz codificada a cualquier valor por encima de 128 kbps es casi imposible de distinguir de la versión sin comprimir.
Ha sido todo bastante técnico, pero ahora ya sabes como sacarle el máximo partido al audio. Para resumir, graba sonido alto y claro con la configuración de mayor calidad. Utiliza audio comprimido sólo cuando sea necesario, y tus proyectos de vídeo sonarán con la máxima calidad en cualquier sistema de reproducción.
El editor colaborador Hal Robertson es productor de medios digitales y consultor tecnológico.
Este artículo se publicó inicialmente en el número de octubre de 2006 de Videomaker Magazine. Para obtener más información sobre la producción de vídeos, visita su sitio web o vuelve a "Consejos para videoaficionados".